Black Sabbath y una despedida de alto nivel en Vélez

La banda pasó por Argentina en su gira despedida. Con Ozzy Osbourne a la cabeza, el grupo inglés estuvo a la altura de su leyenda.

Luego de una copiosa lluvia, asoma una tarde-noche sangrienta de sábado. El crepúsculo rojizo se filtra entre los nubarrones del horizonte de Liniers y presagia una velada de aquelarre heavy metal, en el estadio José Amalfitani.

Mejor antesala imposible para ver a Black Sabbath, la banda que le metía miedo al mundo allá por 1970 con aquella introducción que alumbró al heavy metal. La puntualidad inglesa deja en offside a cientos de metaleros, que aún pululan por los alrededores del estadio, y entran corriendo a la cancha. Se apagan las luces, suenan las campanas y la lluvia para que Ozzy Osbourne salga a Vélez y comience la misa (negra).

Desde que el líder se pregunta “¿Qué es esto que se para frente a mí?” (en la canción Black Sabbath), la historia se mete de lleno en la vena de los espectadores para esta cuarta visita del grupo al país. La encorvada figura de negro domina las miradas, a Ozzy se lo ve más medido y asentado vocalmente que con su banda solista. Acá no es tiempo para grandes gestualidades, sólo de quietud y observación, acompañado por una voz nítida, que sólo flaquea en Snowblind y Paranoid.

“Let’s go”, grita el Madman y comienza a cabalgar la noche del sábado, sólo le basta con levantar los brazos (y moverlos), aplaudir, tirar un beso, saludar y, sobre todo, sonreírle a su gente para que el “olé, olé, olé”, lo bañe. Desde la platea media, el show se escucha a buen volumen, con la efectiva vibración del bajo de Geezer Butler, excepto durante los primeros temas en dónde la batería de Tommy Clufetos suena algo baja. Luego todo se ajusta, con la voz de Oz y la guitarra de Iommi al frente: un sonido potente y cristalino.

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2017-05-23T23:59:13+00:00